Francisco Panera

En las últimas fechas, dos barcos con cierto renombre, han fondeado en el puerto de Bilbao.

Uno ha sido el Aita Mari, un pesquero de Getaria transformado en buque de rescate. Esta embarcación y su tripulación aguardan desde hace semanas, a que el gobierno español les autorice a dirigirse al mar mediterráneo a salvar vidas, y no se lo permiten. Europa prefiere que el problema de la emigración, desaparezca al ritmo que lo hacen los emigrantes al ahogarse en el mar.

Esgrime el gobierno, excusas ridículas para impedirles cumplir con algo tan honesto y digno, como ir a salvar vidas, y no, no puedo con algo así.

El otro barco al que me voy a referir, llegó después de que el Aita Marí se hiciese a la mar, buscando otros puertos donde seguir difundiendo el fin para el que ha sido creado. Días antes, un destacado político de la extrema derecha española, ya le daba la bienvenida nada menos que a Getxo (Gipuzkoa) ¡como lo leeis! Que no es que el chico de «a master regalado no le mires el diente» tenga un lapsus, que podría, es que el entusiasmo que henchía sus venas por ver atracar en el puerto de una tierra tan desafecta, al buque insignia de su ejército, (ese mismo que desde hace varios siglos solo gana guerras cuando se enfrenta a población civil o milicias populares) pudo jugarle una mala pasada y equivocarse… aunque seguro que nunca tanto como para escribir esos topónimos con la grafía que he empleado.

La cosa es que la estancia de un par de días del portaaviones, alentó no se si a cinco mil, o diez mil… (los que fuesen) animados domingueros, que hicieron largas colas para visitar el navío. Se lo pasaron chupi.

Yo entiendo que puede llamar la atención un barco tan grande, los cazas en la cubierta, los vehículos blindados en las bodegas… y los soldados vestidos tal cual si fuesen marines, ¡joder, como en las pelis! Sobre todo a una juventud a la que no le han llegado a calar los valores antimilitaristas de los que hasta hace unos años, eran multitudes los jóvenes que los secundaban. Quizá creíamos que aquellas buenas intenciones habían echado sólidas raíces en la sociedad,  y posiblemente estuviésemos equivocados. Será esta una pelea que no cese, por eso nos viene bien el aviso.

Pero por sintetizar: uno de los barcos tiene como objetivo salvar vidas y el otro es una colosal máquina de guerra.

Uno lleva el nombre de Aita Mari, un patrón de barco guipuzcoano, que en el siglo XIX alcanzó fama por salvar a muchos náufragos o pescadores que eran sorprendidos por tormentas en el mar, hasta que finalmente el océano, se cobró su vida.

Es curioso, hasta en el nombre de los buques, el pequeño pesquero salvavidas, arrolla en dignidad al del militar. Pues no van y le llaman al portaaviones «El campechano», bueno vale, Juan Carlos I, que viene a ser lo mismo, pero en coloquial.

Llegado a este punto, sobran las comparaciones y vuelvo a lo que quería contar, que me pierdo y ya se que he comenzado sacudiendo, ¡pero es que lo ponen a huevo! Y lo que quería contar, tiene relación directa con barcos de rescate, como el Aita Mari, y las historias, las miles de historias tristes (porque lo son), que hay detrás de los cadáveres hinchados de los ahogados.

Leía hace un rato en un artículo publicado hace unos meses, artículo del que os dejo el enlace al final, un par de historias que me tocaron la fibra. Después de hacerlo, me vino a la cabeza la injusticia de que no dejen dirigirse al Aita Mari a salvar gente.

Y porque mi cabeza para algunas cosas, enlaza con otras a lo simple, a lo básico, por eso reviví el hastío que me produjo la llegada del infame portaaviones. Esto si que me gusta como ha quedado… ¡infame! porque como toda máquina de guerra, lo es.

En fin, copio y pego la reseña sobre el cadáver de un chico ahogado en el mediterráneo de unos 14 años, que llevaba cosidas a la ropa, sus notas escolares. El chaval creía que cuando viesen en europa que era muy buen estudiante, le recibirían con amabilidad.

Había nacido en Malí hace 14 años y era un buen estudiante. No contaba con un visado que le permitiera entrar en Europa, pero estaba convencido de que su mejor salvoconducto iba a ser su boletín de notas. Cuando los europeos comprobaran cuánto se había esforzado en matemáticas y lo bien que se le daba la física, tal vez le dejaran quedarse con ellos y emprender una nueva vida en el Viejo Continente. Un sueño lejos de la miseria de casa. Para evitar perder el expediente durante los más de 3.000 kilómetros que le quedaban de viaje o que se lo robaran los ladrones y traficantes, el muchacho lo escondió en un bolsillo secreto que cosió a su chaqueta. Ahí permanecería hasta que llegara la hora de sacarlo a la luz con cierto orgullo delante de un funcionario encargado de inmigración. Le haría ver que él era un chico trabajador y serio, digno de que se fiaran de él y de que le dieran una oportunidad en la tierra de los ricos.

No fue ningún policía quien encontró el boletín. Lo halló la médico forense y antropóloga italiana Cristina Cattaneo cuando, con su equipo del Laboratorio de Antropología y Odontología Forense de Milán (Labanof), realizó las autopsias a los inmigrantes que fallecieron en la barcaza naufragada el 18 de abril de 2015 en el Canal de Sicilia. Más de mil personas murieron en aquel desastre. Es una estimación según el testimonio de los supervivientes, pero nunca se sabrá el número real de desaparecidos. Entre los 528 cuerpos sin vida que Cattaneo y sus colaboradores examinaron cuando las autoridades italianas consiguieron sacar del agua la barcaza naufragada, estaba el del adolescente de Malí.

«Aquel día todos nos quedamos impresionados por un cadáver en particular. Se notaba que pesaba menos que el resto. Cuando abrimos el saco mortuorio vimos que se trataba de un cuerpo cuyas articulaciones casi se habían convertido ya en un esqueleto. Estaba vestido con chaqueta, chaleco, camisa y pantalones vaqueros», cuenta la forense en ‘Naufraghi senza volto. Dare un nome alle vittime del Mediterraneo’ (Naúfragos sin rostro. Dar un nombre a las víctimas del Mediterráneo), el libro recién publicado en Italia por Raffaello Cortina Editore.

La antropóloga cuenta en el volumen el trabajo que lleva desarrollando desde 2013 para tratar de recuperar la identidad de los inmigrantes y refugiados ahogados en el Canal de Sicilia y dar así una dignidad a los muertos. Es una labor de investigación científica y documental en la que tienen tanta importancia los restos humanos como los objetos y documentos que encuentran con los fallecidos. Hay dinero, auriculares, carnés de la biblioteca o que acreditan como donante de sangre, teléfonos, fotografías de novias o esposas… Incluso un boletín de notas, como el de aquel chico de Malí que supieron que tenía unos 14 años gracias al desarrollo de sus huesos.

«Empezamos a desvestirlo. Mientras palpaba la chaqueta, sentí algo duro y cuadrado. Lo cortamos desde dentro para recuperarlo sin dañarlo. Me encontré entre las manos con un pequeño haz de papeles con varios estratos. Traté de separarlos sin que se rompieran y luego leí: ‘Boletín escolar’. En una columna, con las palabras un poco descoloridas, estaba escrito: matemáticas, ciencias físicas…». La forense se quedó tan sorprendida como los otros miembros del equipo al darse cuenta de que tenían frente a ellos el expediente, escrito en francés y en árabe, de un muchacho de educación secundaria. «Pensamos todos lo mismo, estoy segura: ¿qué expectativas tenía este joven adolescente de Malí para esconder con tanto cuidado un documento precioso para su futuro, que mostraba sus esfuerzos, su capacidad de estudio? ¿Pensaba que le habría abierto quién sabe qué puerta de una escuela italiana o europea?». De aquella ilusión sólo quedaba un cuerpo sin vida y un puñado de papeles descoloridos por el agua del Mediterráneo.

Mas adelante, en el artículo cuentan que otros cuerpos, aparecen también con bolsitas cosidas a la ropa, pequeñas bolsas de tela que contienen tierra de sus pueblos, de sus hogares. Esto me hizo reparar sobre algo que hago a veces. No es comparable, lo sé, pero de seguido me acordé de que yo también me aferro en ocasiones a cosas. En este caso a piedras, a pequeños guijarros que recojo del fondo de un río al final de mis vacaciones.

Por suerte para mí, no he tenido que emigrar nunca, así que si me voy de casa o de mi tierra, suele ser por un periodo no muy largo, y me pasa que desde crío he establecido un vínculo muy, pero que muy personal con un río lejano y el entorno de naturaleza por el que discurre.

Es así que cuando me estoy dando el último baño del verano en sus frescas aguas, me sumerjo hasta el fondo, y de allí recojo una piedra, no mucho mas grande que una nuez. Una piedra de río bonita, con algún brillo curioso, o veta vistosa que la cruce. Salgo del agua con ella y viene conmigo, pasamos el invierno juntos. Unas veces enreda por un cajón, otras por entre la guantera del coche, otras por entre los libros de mi biblioteca… y al llegar el siguiente verano, vuelve al lecho del río con el primer baño.

Bien, reconozco que en todo esto hay una parte de gilipollez, pero soy aficionado a enaltecer unas cuantas clases de ellas. A lo que voy es a que seguramente, yo sería como ellos. Me llevaría un poco de tierra de mi huerta si tuviese, o una piedra de un río, para en el futuro próspero y de duro trabajo que me esperase, deleitarme alguna vez ensuciando mis dedos con esa tierra, o pasando de una mano a otra ese guijarro, calentándolo entre mis manos y después percibir el tacto suave y templado de la superficie lisa de la piedra al pasarla por mi cara.

Y si hubiese sido un buen estudiante, que nunca lo fui, también llevaría la prueba de mi trabajo en la escuela cosida a mis ropas. Que con catorce años, iba a ser capaz de demostrar a cualquiera que soy un tipo trabajador, y que a nadie le perjudicaría tenerme de vecino, de compañero o de amigo.

Dos barcos famosos estuvieron estos días en Bilbao. Uno navega ya por los océanos, librando batallas imaginarias, entrenando para hipotéticas guerras futuras y que lo naturalicen en el medio para el que fue construido.

El otro, el barco pequeño, permanece amarrado a un puerto. Este es el peligroso para los gobiernos de europa.

https://www.ideal.es/sociedad/rescate-identidad-20190120003629-ntvo.html

Venía en el coche escuchando las noticias, y cuando se pusieron a hablar de las tres mujeres que han sido asesinadas por sus parejas en poco mas de 24 horas, este fin de semana, me vino a la cabeza un caso que por una tercera persona conocí hace tiempo.
Lo primero que pensé, es en el miedo que sentirá ella al escuchar estas mismas noticias, porque ella, la protagonista de esta historia, vive amenazada.
Está divorciada y a esa situación llegó, como les pasa a muchas, tras un largo camino en el que fue dejando cosas muy importantes de su vida a lo largo de una dura travesía.
Ella perdió a sus amistades y arruinó el contacto con su familia. Ocurre que muchos de estos maltratadores, son grandes manipuladores también, y lo primero que hacen para manejar a sus víctimas a placer, es anular el entorno social de su pareja.

Lo hacen de tal manera que a ojos de terceros, suele parecer que es ella quien va alejándose de su gente, cuando en realidad no hace mas que seguir las pautas que su pareja, directa o indirectamente le va marcando.

Igual aquí reside la clave, el punto de inflexión para cortar de forma definitiva con una relación tóxica. Seguir avanzando, escudándonos en un falso amor o cariño, puede conducir como veremos, a territorios insospechados.
Así pasan los años y el hijo de ambos, a la vez que crece, se va convirtiendo en un extraño y le ha perdido el respeto a la madre, es posible que por verla tan derrotada y débil ante el padre, contra el que también se rebela. Un padre que acabará yéndose de casa, pero antes de hacerlo, le dejará a su ex esposa una advertencia clara, en forma de cuchillo en la garganta.
Creo que un cuchillo en la garganta, tiene que hacerle a cualquiera, replantearse muchas cosas. No nos engañemos y pongámonos en su lugar. Un cuchillo mientras la inmoviliza, mientras de la boca de quien fue su compañero, ahora sale toda la mierda que pudre su espíritu, para constatar a la vez que ella, que el miedo ha vencido. Que el momento que a veces temía que llegase, lo ha acaba de hacer.

Pero finalmente no, ese día no la mató. Se fue y la dejó viviendo con el miedo.

Y me pregunto… ¿Como vivir así?

Cuando ya no tienes amigos, cuando tu hogar se ha desestructurado y cuando tu hijo, lo que mas quieres en este mundo, tiene en su adolescencia la cabeza como una jaula de grillos, fruto en gran parte de ser testigo del hundimiento de su mundo, ¿como hacerlo?
Ella no denuncia a su ex, y el hijo se enfada. No entiende que el miedo inmoviliza a su madre, porque se ve y siente sola.
Sola.
Y llega a casa cuando termina de hacer las cosas de su vida cotidiana y no vuelve a salir a la calle, hasta que esa vida de fuera de su hogar la reclama de nuevo.
No va a salir, porque afuera está él, y cuando en alguna ocasión se han cruzado por la calle, el cabrón la mira con los mismos ojos que cuando la amenazó con el cuchillo.
No va a salir, porque no conviene si quiere estar viva. Aunque a veces se pregunta, si estará viva, o no es mas que una de esas mujeres que aguardan por su fatídico turno, como estas que cabo de oír por la radio, para seguir engrosando las terribles estadísticas, que como hoy, nos asaltan desde los noticieros.

Y ya está.

Se acabó.

Pongan ustedes el final que mejor les parezca.

Tres han sido las presentaciones que se han sucedido en la capital de Bizkaia.

La primera fue en noviembre de 2018, en el barrio de Deusto, en la librería que precisamente lleva el nombre del barrio, en la «Librería de Deusto». Un referente literario sin duda en esa parte de la ciudad. Un local implicado profundamente en divulgar la obra de los autores, ofreciéndoles la posibilidad de realizar presentaciones, en un estupendo espacio que dedican  a este tipo de encuentros. Ojalá hubiese muchas mas librerías así.

Las otras dos citas, se han sucedido en apenas una semana, cosas de las agendas de eventos de los locales. No es lo mas conveniente, pero no conviene nunca desdeñar la posibilidad de mantener estos encuentros tan directos con los lectores.

El 29 de enero en FNAC y el 5 de febrero en Casa del Libro, dos locales muy bien preparados para ofrecer este tipo de eventos.

Y ahora, a dedicar el tiempo visitando a los lectores de otras ciudades (Vitoria, día 14 y Donosti el 28 de febrero).

Aquí alguna imagen del paso por FNAC y Casa del LIbro

 


 

 

 

El jueves 17 de enero, Siete cuerdas fue presentada en la biblioteca de la localidad de Arrigorriaga.

La asistencia de una periodista de El Correo, hace posible que la novela, cuatro meses después de su publicación, siga teniendo presencia en los medios.

Todo ayuda.

El blog literario,  La página número trece,  publica una entrevista a Francisco Panera en relación con algunos aspectos curiosos del contenido de Siete Cuerdas.

Al margen de ello, ojalá sirva esta reseña a la entrevista, para convertiros en habituales seguidores de las publicaciones de este estupendo y original blog.


Pincha aquí para leer la entrevista en La página número trece


Transcripción de la entrevista

“Hay hallazgos que son pequeños tesoros a la hora de dar forma a una novela histórica” Francisco Panera

Conocí a Francisco Panera por pura casualidad. La presentación en Orduña de su libro Mentir es encender fuego coincidió con mi búsqueda de novelas ambientadas en la ciudad y, aunque la mayor parte de la trama de esa historia transcurre en otro escenario, sí que hay una parte importante que se sitúa en los verdes parajes de mi lugar de nacimiento. Esta hermosa casualidad hizo que Mentir es encender fuego fuera elegida como primera novela del Club de Lectura que, junto con el Ayuntamiento y la biblioteca, organicé en Orduña. Pero, no solo conocí la historia, también tuve el placer de contar con el autor para esa primera reunión. Panera, no solo nos explicó el proceso de creación de Mentir es encender fuego sino que, también nos dio algunas pinceladas de lo que, en aquel momento, era la novela en la que estaba trabajando: Siete Cuerdas.

Recuerdo que ya en ese momento habló de ese sentimiento de pérdida que los espectadores de un concierto debían sentir antes de que la música pudiera ser grabada. En aquel momento, lo confieso, me recordó a cuando en clase de música nos ponían una melodía un par de veces y, semanas más tarde, debíamos ser capaces de identificarla sin haber tenido oportunidad de volver a disfrutarla. Eran tiempos anteriores a Youtube y la única manera de recordar esos acordes era escribir cosas parecidas tiruri pun pun en un cuaderno. Sin embargo, a pesar de haber vivido esa situación en mis carnes, nunca me había parado a hacer esa reflexión que, por otra parte, no sé si mucha gente se habrá parado a pensar en ella. Por eso, le he preguntado cómo se le ocurrió basar toda una novela en esa idea.

LPNT: Me llama mucho la atención la reflexión que se hace durante toda la novela sobre lo efímera que era la música antes de poder grabarla. Es algo en lo que la gente no solemos pensar… ¿Cómo llegaste a esa conclusión?

Francisco Panera: La respuesta puede resultar un poco peliculera pero te doy mi palabra de que es verdad:

Lo soñé, y fue hace mucho, tanto que aún no había publicado mi primera novela, y Siete cuerdas ya es la tercera.

El recuerdo de aquel sueño, me trae la imagen de que yo debía interpretar algún tipo de instrumento. Sucedía en otra época, quizá hace dos o tres siglos.

El público asistía al concierto con unas expresiones en sus caras que eran puro asombro. Al verles,  intuía que querían guardar para sí, aquel momento único e irrepetible,  pero tanto ellos como yo, sabíamos que no era posible.

Ese vago recuerdo, es al que me he aferrado en tantos momentos de la novela, para describir esa sensación posterior a la experiencia de disfrutar entonces de la música. Por un lado el goce de de recrearse en algo hermoso, en un arte que solo existe mientras se interpreta. Y por otro, la decepción al ser conscientes de que nunca mas volverían a experimentar aquello, que quizás llegarían otras músicas, pero ya no serían las mismas.

Ese credo tomó forma en mi imaginación, sirviéndome de acicate para convertirlo en el hilo conductor de relato primero, y de una novela después.

Una novela que nunca fue editada. La verdad es que fue mi primer trabajo literario y estaba lleno de imperfecciones, pero no me desanimó que las editoriales rechazasen aquel mi primer intento por asomar la cabeza en este mundo. Me puse a desarrollar otras temáticas para seguir escribiendo y publiqué un par de novelas posteriormente, pero el manuscrito que contenía esa idea, ahí seguía, en un archivo en el disco duro de mi ordenador.

Fue hace un par de años cuando recuperé ese proyecto y me puse a confeccionar una narración que daría como fruto Siete cuerdas.

Por todo ello, creo que la música tal y como la disfrutamos hoy en día, no tiene nada que ver con aquella otra, la de cuando no se podía enlatar en grabaciones para reproducirla a voluntad. Por fuerza tenía que ser algo único, como el contacto con alguien querido, que solo se daba si ambos, música y tú o música y yo, estamos frente a frente, y para los melómanos convencidos, no podía haber mas remedio que buscar otras músicas sin descanso.

Eso, o convertirse en intérpretes, claro. Por cierto, la música la disfruto como oyente,como espectador, porque no se interpretar ni una sola nota.

LPNT: Supongo que el trabajo de documentación habrá sido titánico a la hora de describir tanto la ciudad de Bilbao como los acontecimientos que tuvieron lugar en aquella época.

FP: Esa labor ocuparía los seis primeros meses del trabajo de redacción de la novela y  contrariamente a lo que bastante gente puede suponer, pues así me lo han trasladado en ocasiones, para mí es una labor muy gratificante. Documentándome para mis novelas he descubierto hechos sorprendentes y que me han servido posteriormente para enriquecer los relatos recurriendo a ellos en forma de tramas. Pero hay que andarse con tiento la verdad, tengamos en cuenta que multitud de personajes secundarios de esta novela fueron reales y he procurado ser muy respetuoso con lo que pudieron ser sus vidas al introducir una trama ficticia en sus existencias. Precisamente en el trabajo de documentación, al tiempo que intentaba conocer por ejemplo, como era a finales del siglo XVIII la torre de la catedral de Santiago en Bilbao, iglesia en aquella época, o fechas y personajes que intervienen en algunos episodios históricos, conocer las vidas de las personas mas destacadas de la villa de Bilbao, temas de herencias… o que clase de agrupación musical podía existir en Bilbao en 1793, por decir algo, me topé con asuntos en apariencia banales. Y así doy por ejemplo, con el pleito que se traían el  director de una agrupación musical y un par de violinistas acerca de unas interpretaciones no consentidas y por tanto no remuneradas al director. Tuve el documento de denuncia en la mano y la resolución a la que llegaron desde el ayuntamiento también.  Esos hallazgos para dar forma a una novela histórica, son pequeños tesoros.

Me vienen ahora a la cabeza, por ejemplo unos capítulos que se desarrollan en Baiona paralelos a la guerra entre España y la Francia revolucionaria. Pues bien, casi todos esos sucesos fueron reales, y al descubrirlos encontré la manera idónea, en mi opinión, de que la relación entre los protagonistas, derivase en lo que necesitaba para el devenir de sucesos posteriores, que ya tenía en mente.

Todo esto es solo un ejemplo de con que tipo de material he podido trabajar, a parte de docenas de libros consultados, pero es verdad que en ocasiones las fuentes consultadas pueden esconder una historia para tu relato y Siete cuerdas está plagada de ellos, aspectos que en mi opinión aportan verosimilitud y dibujan un mundo cotidiano.

Gran parte de esa documentación, me ha servido para enriquecer la web de la novela www.sietecuerdas.com donde el lector va a poder descubrir elementos imprescindibles para esta novela, como la música, la historia y su contexto en la época, y que obviamente quedan fuera de obra impresa.

LAPN:¿Qué ha sido lo más difícil a la hora de escribir esta novela?

FP: Diría que la insistencia por transmitir las distintas sensaciones que experimentan los personajes con la música. Te aseguro que fue una cuestión que casi resultó enfermiza para mí.

Quería que estuviese presente constantemente en la mente del lector, que incluso lo identificase como algo casi obsesivo, pero que al tiempo no le resultase cargante. No se trata de repetirle lo importante o insignificante que puede resultar algo para algún protagonista, si hago eso me cargo la novela y seguro que pierdo un lector, se trata de otra cosa.  De dibujar un escenario de sentimientos y sensaciones en el que se mueven los personajes, y si ese mundo como en este caso es obsesivo, hay que conseguir mostrarlo sin hacer caer al lector en  él.

Como ves , es un argumento cargado de subjetividad, pero pienso que ahí reside el espíritu de esta novela.

LPNT: ¿Y lo más gratificante?

FP: Constatar ahora, que ya empiezan a llegar opiniones de lectores, que esas sensaciones a las que hacía referencia en la respuesta anterior, les han calado y que algunos las comparten sumergiéndose en aquel mundo tan particular y personal de esos músicos.

Ha habido quien me ha dicho que les entendía, refiriéndose a los personajes, que no había reparado en esa manera de reconocer aquella la música, y que precisamente por ser una persona en cuya vida la música ocupa un espacio importante, comprende la sensación de desarraigo o pérdida, al ir olvidando una melodía que solo ha escuchado una vez y que le será casi imposible volverlo a hacer.

Y tan grato como eso, es por supuesto que los lectores hayan disfrutado de una novela  entretenida, con unos personajes bastante peculiares y una trama cargada de giros.

LPNT: ¿Os pasa a los escritores que, una vez terminada la novela, echáis de menos a los protagonistas? Porque a los lectores sí nos pasa

FP: Supongo que dependerá del autor y del género, pero en mi caso así es.

Ten en cuenta, que mis personajes, al menos así lo creo, tienen personalidades muy marcadas. Pues para lograr eso me he de introducir en sus cabezas, tengo que pensar como ellos, convencerme de qué es lo que harían, qué pensarían… Hacerlo incluso en personajes que disten mucho de mantener una afinidad con mi manera de ser. A veces he escuchado que en ocasiones los personajes literarios, tienen parte de lo mejor o peor de sus autores, y no estoy en desacuerdo.

Algunos personajes de mis novelas, han dejado un poso en mi mente, como si de una persona real se tratase, y no se trata de una respuesta recurrente a lo que planteas, en mi caso es totalmente cierto.

Serán cuatro, o quizás cinco esos personajes, en los que me dejé mucho. Aunque ellos estén marcados por acontecimientos que nunca he experimentado, o viviesen en tiempos tan lejanos para mi, están compuestos de experiencias cercanas o incluso propias, de actitudes que he podido mantener o combatir. Se han convertido en unos fantasmas a los que quiero. Piensa que esto de escribir, tiene mucho de idealista, de soñador, pero mucho mucho.

Supongo que los autores tenemos que vivir con ello para poder escribir, aunque después de hacerlo… después de hacerlo hay veces que se van contigo. Para los personajes mas queridos, me gusta llegar a finales que no lo sean, que resulten un punto y seguido en sus vidas.

Y así creo que el lector, también puede vislumbrar que ese personaje con el que terminamos la relación que la novela ha provocado, es posible que tenga a partir del final del relato, ahora que como dices, igual le echamos de menos, la posibilidad de elegir, al margen del dictado del autor.

Ese recurrente final de los cuentos de “y fueron felices y comieron perdices” es el peor de los posibles, porque algunos libros no se acaban al pasar la última página, algunos perduran abiertos en la mente. Esos son los mejores.

LPNT: ¿Hay ya alguna idea para una próxima novela?

FP: La hay y espero ponerme a ello en breve. Toda la labor necesaria para promocionar Siete cuerdas, me está resultando muy absorbente y casi no saco tiempo para escribir, pero ya tengo en mente otra historia. Aunque no soy muy amigo de adelantar lo que creo que voy a hacer, si te digo que la historia se ubicará entre finales del siglo XIX y la mayor parte del XX. Posiblemente la mayor parte de los personajes, que volverán a ser numerosos y muy diferentes entre ellos, conformen varias generaciones de un par de familias. Y habrá que levantar a su alrededor un universo cargado de conflicto, de  superación, de miedo, de amistad, o de rencor… ¡y ya veremos si de perdón!

¿Lo ves? ¡ya estoy soñando con ellos!

No hay que cesar en llevar Siete cuerdas al mayor número de lugares posible.

Estas semanas que tengo por delante, me acercaré a destripar un poco la novela a Arrigorriaga, Bilbao, Gasteiz y Donostia.

Estas son las fechas:

 

A finales del mes pasado, me solicitaron desde el diario Deia una colaboración en forma de breve relato, de cara a un número especial en vísperas de las fiestas de navidad.

Tardé unos días en dar con la idea, y esta, que seguro que ya estaba dentro de la cabeza, apareció viajando en metro.

A ver si os gusta.

Un perro, dos perros… tres perros

No se porqué se lo dije, no sé porqué la mente es tan traidora como para desvelarte de improviso, una idea tan trascendente. Sucedió una lejana tarde que jugaba con mi perra tirándole un palo por los terraplenes que desde el paseo bajo los miradores se precipita hacia el Nervión.

Se lanzaba intrépida y feliz a la caza del palo que daba volteretas en el aire. Después lo rebuscaba entre las hierbas altas que crecen a la orilla despareciendo su pequeño cuerpo entre ellas, y cuando daba con él, regresaba fatigada para volver a iniciar el juego.

Entonces se lo dije, mientras me miraba con aquellos ojos negros, profundos y sinceros: “Nunca envejeceremos juntos”.

Me sostuvo la mirada y quise creer que me entendía. Aún no sé porqué se lo dije. Después lancé de nuevo el palo y continuamos con el juego.

Años mas tarde, no sé porqué la mente es tan traidora, a medida que la profecía se iba cumpliendo, volvía intermitente aquel pensamiento a mi memoria. Ella me seguía mirando con aquellos ojos negros, profundos y sinceros, y en mi mente se materializó el credo de que ella había hecho suya la idea: “Nunca envejeceremos juntos”. Descubrí en esos instantes tan íntimos, tan de los dos, un poso de decepción en su mirada, de incomprensión ante el hecho de que nuestras vidas se juntasen siendo ella un pequeño cachorro, y unos años después, me hubiese sobrepasado hasta convertirse en una anciana.

Una mañana, se acabó lo nuestro.

No fue noticia en ningún periódico ¡a quien le podría importar! es verdad, y no no lo fue… hasta hoy que salta a los medios la noticia de que en tu pueblo o en tu ciudad, los que se quedan viviendo a otra velocidad, se ponen a cobijo, incapaces de compartir el vacío que descubren con quien amable les escucha, pero sin comprender una añoranza insospechada por sus dueños.

Que por las sendas por las que sus amigos jugaban y correteaban asustando a los pájaros, caminarán solos, a modo de despedida. Lo harán dos o tres veces, quizá no mas, y que nadie les diga que “solo era un perro”, porque en su memoria, pues hay que ver que traidora es a veces, vive el recuerdo de un amigo.

Viajo en metro. Sentado de espaldas al sentido de la marcha, a cada parada en una estación, siento que todo el peso del convoy se aplasta en mi espalda mientras frena. Resulta agradable, pero la voz enlatada que advierte de que nos detenemos en Ariz, me arranca de esa abstracción. De esa y también de la que me ha tenido ocupado durante el viaje, tomando unas breves notas en el móvil que quizá un día den luz a un escueto relato.

Y todo se ha desatado hace unos minutos, a cuenta de toparme con un perro solitario plantado ante las escaleras mecánicas que bajan a la estación, pareciendo dudar de si permitirme emprender el viaje.

Casi he alcanzado la salida a la calle. De fuera llega una fría brisa cargada de finísimas gotas de lluvia. La irritación producida por lo previsible de que llegaré casa mojado, pues el paraguas ni está ni se le espera, desaparece de improviso. Otro perro solitario, inmóvil a la salida de la estación, duda de si apartarse de mi camino y permitirme finalizar mi viaje.

A un silbido de su dueño se va, pero lo hace remolón, y antes de regresar a corretear por el parque del ambulatorio, me sostiene la mirada, tiene también unos ojos negros, profundos y sinceros.

Y como aquella vez, como otras veces, me rindo ante el instinto traidor de la mente.

 

Diario Deia, 23/diciembre/2018. Relato de Francisco Panera.

Diario Deia, 23/diciembre/2018. Relato de Francisco Panera.

Una de las presentaciones mas particulares, no solo de Siete cuerdas, si no de cualquiera de las que he realizado, fue la que tuvo lugar el pasado 13 de diciembre en el Kakarraldo Taberna, un local de copas del centro de Basauri.

Micrófono en mano ante los asistentes, que llenaron el local, hice primero un repaso de mi obra literaria, asociándola en algunos momentos al entorno cercano por el que transitan los argumentos de mis novelas. Posteriormente, todos entraron de lleno en las entrañas de Siete cuerdas, visionando en algún momento en la pantalla del local, algunas de las piezas musicales de la obra, que se muestran en la web  http://www.sietecuerdas.com.

Hubo quien no conocía las particularidades de la obra musical de la novela y especialmente las características únicas y tan especiales que ofrece la “viola de gamba”, el instrumento de cuerda objeto de devoción por los protagonistas del relato, y que casi se convierte en un personaje mas. Pues bien, para algunos de los asistentes fué todo un hallazgo.

Pero volviendo a lo literario y tras esta experiencia, estoy convencido de que aunque hay un sector entre los lectores que son proclives a acudir a las presentaciones de los escritores que les interesan, otros “lectores militantes” también, no ven demasiado interés en estos actos que se celebran en librerías, bibliotecas o centros sociales, empleando un formato similar: el, o los ponentes sentados, disertando ante la concurrencia que asiste atenta, y que en ocasiones participa al final haciendo preguntas, opinando…

Algunos de estos lectores mostraron en esta cita inusual, su satisfacción, no solo por asistir, si no por interactuar de una manera distendida, tomado una caña unos, unos vinos otros… al fin y al cabo los bares están metidos hasta el tuétano de nuestra cultura popular y forman parte de nuestra manera de relacionarnos.

Y pàra terminar, quedando los libros de lado, me restaba la tarea de “pinchar” música, ofreciendo a los asistentes una selección muy personal de mis artistas favoritos pero en una línea musical, muy distinta la de Siete cuerdas. Así escuchamos desde los ritmos mas primitivos del rock and roll, pasando por las tendencias psycho, punk o rocker, para rendir ¿por qué no? un tributo a la música, aunque en esta parte de la cita, los maravillosos sones de la música del barroco y de finales del siglo XVIII, quedasen aparcados para otra ocasión.

Una cita redonda.

Muy natural todo, muy agradable. Con ganas de repetir el formato en el futuro.

 

Con la llegada de diciembre, una nueva edición de la Durangoko Azoka, la feria del libro  y disco vasco, que anualmente se celebra en Durango, Bizkaia.

Esta ha sido la 53ª edición y lo cierto es que este evento cultural goza de muy buena salud. Record de participación, record de asistencia y ventas… veremos donde están los límites, pero es un privilegio poder participar una vez mas en otra edición de la “azoka” compartiendo espacio con tantos artistas de la pluma y de la música.

Pero antes de esta cita, que se ha celebrado entre el 5 y 9 de diciembre y donde Francisco panera ha estado acompañando a su última novela y dedicando ejemplares a los lectores, Siete cuerdas ya tenido otras dos paradas reseñables.

El 20 de noviembre, una presentación ene el centro cultural Torrezabal, de la localidad de Galdakao, donde autor y asistentes conversaron sobre distintas cuestiones de la novela, haciendo espècial hincapié en la documentación histórica y la verosimilitud de las tramas en distintos relatos.

Y la Librería de Deusto fue la primera de las citas previstas en Bilbao. Fue el día 4 de diciembre, en un estupendo local, que cuenta con un espacio precisamente dedicado para este tipo de eventos.

Que una librería particular, fuera de las franquicias habituales asociadas al mundo de la venta literaria, dedique una parte propia para la difusión de los autores, es un lujo para cualquier escritor, e incluso para los lectores.

 

Durango

 

 


Galdakao


La librería de Deusto, Bilbao

De nuevo a la cita mas importante del panorama literario y musical de casa, a la 53ºedición de la Feria del libro y disco vasco de Durango.

Presentarme otro año mas, con otra novela recién publicada, sigue entusiasmándome como la primera vez, allá por 2012.

Unas semanas estas últimas bien cargadas de eventos, para dar a conocer mi último trabajo. Hoy por la tarde en Bilbao, en dos días en Durango… la siguiente semana otro encuentro mas, y este de un particular carácter musical…

Que no se puede estar uno quieto, claro que no, porque cualquier día de estos echo el freno ¡y a por otra novela!

Iremos macerando estas ideas que vienen y las dudas, las inevitables dudas que despiertan. Pero es que así crecen los libros, al menos en mi cabeza.

Daros una vuelta por la «azoka» si tenéis ocasión. Volveréis con algunos euros menos, pero bien empleados en algún que otro libro, sin duda.

En 2012, con El sueño de Akala en mi primera Azoka.