Francisco Panera

A finales del mes pasado, me solicitaron desde el diario Deia una colaboración en forma de breve relato, de cara a un número especial en vísperas de las fiestas de navidad.

Tardé unos días en dar con la idea, y esta, que seguro que ya estaba dentro de la cabeza, apareció viajando en metro.

A ver si os gusta.

Un perro, dos perros… tres perros

No se porqué se lo dije, no sé porqué la mente es tan traidora como para desvelarte de improviso, una idea tan trascendente. Sucedió una lejana tarde que jugaba con mi perra tirándole un palo por los terraplenes que desde el paseo bajo los miradores se precipita hacia el Nervión.

Se lanzaba intrépida y feliz a la caza del palo que daba volteretas en el aire. Después lo rebuscaba entre las hierbas altas que crecen a la orilla despareciendo su pequeño cuerpo entre ellas, y cuando daba con él, regresaba fatigada para volver a iniciar el juego.

Entonces se lo dije, mientras me miraba con aquellos ojos negros, profundos y sinceros: “Nunca envejeceremos juntos”.

Me sostuvo la mirada y quise creer que me entendía. Aún no sé porqué se lo dije. Después lancé de nuevo el palo y continuamos con el juego.

Años mas tarde, no sé porqué la mente es tan traidora, a medida que la profecía se iba cumpliendo, volvía intermitente aquel pensamiento a mi memoria. Ella me seguía mirando con aquellos ojos negros, profundos y sinceros, y en mi mente se materializó el credo de que ella había hecho suya la idea: “Nunca envejeceremos juntos”. Descubrí en esos instantes tan íntimos, tan de los dos, un poso de decepción en su mirada, de incomprensión ante el hecho de que nuestras vidas se juntasen siendo ella un pequeño cachorro, y unos años después, me hubiese sobrepasado hasta convertirse en una anciana.

Una mañana, se acabó lo nuestro.

No fue noticia en ningún periódico ¡a quien le podría importar! es verdad, y no no lo fue… hasta hoy que salta a los medios la noticia de que en tu pueblo o en tu ciudad, los que se quedan viviendo a otra velocidad, se ponen a cobijo, incapaces de compartir el vacío que descubren con quien amable les escucha, pero sin comprender una añoranza insospechada por sus dueños.

Que por las sendas por las que sus amigos jugaban y correteaban asustando a los pájaros, caminarán solos, a modo de despedida. Lo harán dos o tres veces, quizá no mas, y que nadie les diga que “solo era un perro”, porque en su memoria, pues hay que ver que traidora es a veces, vive el recuerdo de un amigo.

Viajo en metro. Sentado de espaldas al sentido de la marcha, a cada parada en una estación, siento que todo el peso del convoy se aplasta en mi espalda mientras frena. Resulta agradable, pero la voz enlatada que advierte de que nos detenemos en Ariz, me arranca de esa abstracción. De esa y también de la que me ha tenido ocupado durante el viaje, tomando unas breves notas en el móvil que quizá un día den luz a un escueto relato.

Y todo se ha desatado hace unos minutos, a cuenta de toparme con un perro solitario plantado ante las escaleras mecánicas que bajan a la estación, pareciendo dudar de si permitirme emprender el viaje.

Casi he alcanzado la salida a la calle. De fuera llega una fría brisa cargada de finísimas gotas de lluvia. La irritación producida por lo previsible de que llegaré casa mojado, pues el paraguas ni está ni se le espera, desaparece de improviso. Otro perro solitario, inmóvil a la salida de la estación, duda de si apartarse de mi camino y permitirme finalizar mi viaje.

A un silbido de su dueño se va, pero lo hace remolón, y antes de regresar a corretear por el parque del ambulatorio, me sostiene la mirada, tiene también unos ojos negros, profundos y sinceros.

Y como aquella vez, como otras veces, me rindo ante el instinto traidor de la mente.

 

Diario Deia, 23/diciembre/2018. Relato de Francisco Panera.

Diario Deia, 23/diciembre/2018. Relato de Francisco Panera.

Una de las presentaciones mas particulares, no solo de Siete cuerdas, si no de cualquiera de las que he realizado, fue la que tuvo lugar el pasado 13 de diciembre en el Kakarraldo Taberna, un local de copas del centro de Basauri.

Micrófono en mano ante los asistentes, que llenaron el local, hice primero un repaso de mi obra literaria, asociándola en algunos momentos al entorno cercano por el que transitan los argumentos de mis novelas. Posteriormente, todos entraron de lleno en las entrañas de Siete cuerdas, visionando en algún momento en la pantalla del local, algunas de las piezas musicales de la obra, que se muestran en la web  http://www.sietecuerdas.com.

Hubo quien no conocía las particularidades de la obra musical de la novela y especialmente las características únicas y tan especiales que ofrece la “viola de gamba”, el instrumento de cuerda objeto de devoción por los protagonistas del relato, y que casi se convierte en un personaje mas. Pues bien, para algunos de los asistentes fué todo un hallazgo.

Pero volviendo a lo literario y tras esta experiencia, estoy convencido de que aunque hay un sector entre los lectores que son proclives a acudir a las presentaciones de los escritores que les interesan, otros “lectores militantes” también, no ven demasiado interés en estos actos que se celebran en librerías, bibliotecas o centros sociales, empleando un formato similar: el, o los ponentes sentados, disertando ante la concurrencia que asiste atenta, y que en ocasiones participa al final haciendo preguntas, opinando…

Algunos de estos lectores mostraron en esta cita inusual, su satisfacción, no solo por asistir, si no por interactuar de una manera distendida, tomado una caña unos, unos vinos otros… al fin y al cabo los bares están metidos hasta el tuétano de nuestra cultura popular y forman parte de nuestra manera de relacionarnos.

Y pàra terminar, quedando los libros de lado, me restaba la tarea de “pinchar” música, ofreciendo a los asistentes una selección muy personal de mis artistas favoritos pero en una línea musical, muy distinta la de Siete cuerdas. Así escuchamos desde los ritmos mas primitivos del rock and roll, pasando por las tendencias psycho, punk o rocker, para rendir ¿por qué no? un tributo a la música, aunque en esta parte de la cita, los maravillosos sones de la música del barroco y de finales del siglo XVIII, quedasen aparcados para otra ocasión.

Una cita redonda.

Muy natural todo, muy agradable. Con ganas de repetir el formato en el futuro.

 

Con la llegada de diciembre, una nueva edición de la Durangoko Azoka, la feria del libro  y disco vasco, que anualmente se celebra en Durango, Bizkaia.

Esta ha sido la 53ª edición y lo cierto es que este evento cultural goza de muy buena salud. Record de participación, record de asistencia y ventas… veremos donde están los límites, pero es un privilegio poder participar una vez mas en otra edición de la “azoka” compartiendo espacio con tantos artistas de la pluma y de la música.

Pero antes de esta cita, que se ha celebrado entre el 5 y 9 de diciembre y donde Francisco panera ha estado acompañando a su última novela y dedicando ejemplares a los lectores, Siete cuerdas ya tenido otras dos paradas reseñables.

El 20 de noviembre, una presentación ene el centro cultural Torrezabal, de la localidad de Galdakao, donde autor y asistentes conversaron sobre distintas cuestiones de la novela, haciendo espècial hincapié en la documentación histórica y la verosimilitud de las tramas en distintos relatos.

Y la Librería de Deusto fue la primera de las citas previstas en Bilbao. Fue el día 4 de diciembre, en un estupendo local, que cuenta con un espacio precisamente dedicado para este tipo de eventos.

Que una librería particular, fuera de las franquicias habituales asociadas al mundo de la venta literaria, dedique una parte propia para la difusión de los autores, es un lujo para cualquier escritor, e incluso para los lectores.

 

Durango

 

 


Galdakao


La librería de Deusto, Bilbao

De nuevo a la cita mas importante del panorama literario y musical de casa, a la 53ºedición de la Feria del libro y disco vasco de Durango.

Presentarme otro año mas, con otra novela recién publicada, sigue entusiasmándome como la primera vez, allá por 2012.

Unas semanas estas últimas bien cargadas de eventos, para dar a conocer mi último trabajo. Hoy por la tarde en Bilbao, en dos días en Durango… la siguiente semana otro encuentro mas, y este de un particular carácter musical…

Que no se puede estar uno quieto, claro que no, porque cualquier día de estos echo el freno ¡y a por otra novela!

Iremos macerando estas ideas que vienen y las dudas, las inevitables dudas que despiertan. Pero es que así crecen los libros, al menos en mi cabeza.

Daros una vuelta por la «azoka» si tenéis ocasión. Volveréis con algunos euros menos, pero bien empleados en algún que otro libro, sin duda.

En 2012, con El sueño de Akala en mi primera Azoka.

 

El valle de Bolintxu, toma su nombre del pequeño arroyo que lo cruza. Entre todas las curiosidades de este lugar, que como veremos tiene un altísimo valor ecológico, hay una muy curiosa, y es que este rincón se encuentra dentro de los límites de la ciudad de Bilbao.

Bilbao, capital industrial, económica durante siglos. Un lugar muy poblado en el que apenas se encuentran espacios no urbanizados, es verdad, pero un lugar que alberga un pequeño tesoro, un espacio natural que aún no ha sido destruído y que se mantiene «virgen», tal cual que en cualquier punto de un remoto pasado.

Cuesta creerlo, es verdad. Lo cierto es que no tuve conocimiento real de su valor hasta hace unos años. Cuando estaba enfrascado en la redacción de mi primera novela, El sueño de Akala, incluí el valle de Bolintxu, por su proximidad con el castro del monte Malmasín (escenario principal de la obra) y porque era el lugar perfecto para la resolución de una de las tramas de la novela. Fue mas tarde, en el proceso de documentación para la conformación de la web http://www.elsuenodeakala.com cuando descubrí todo su valor ecológico.

Me sentí contrariado al hacerlo, tantas veces subiendo desde muy pequeño al monte Pagasarri que corona este valle, recorriendo todos sus alrededores y no tenía conocimiento del tesoro natural que teníamos alrededor. Fue también entonces cuando supe el importante riesgo que corría de desaparecer. De ello se habla en el documental cuyo enlace dejo al final de este escrito, y que por supuesto os invito a ver.

No soy contrario, por supuesto a la creación y mejora de las infraestructuras. Considero necesarias las autopistas, pero siempre intentando hacer las cosas con cabeza y minimizando el impacto ambiental. La mayoría de las veces, esto se podría hacer, pero es verdad que en ocasiones choca con intereses particulares. Hablando claro, todos hemos visto que en multitud de ocasiones el negocio está para los promotores de las obras, para los asignatarios… No diré que esto sea así en este caso concreto, porque no puedo saberlo, aunque otra cosa es la intuición que algunos proyectos despiertan, máxime al conocer algunos datos que se exponen en el documental mostrándose arrolladores.

Entrando de lleno en la resolución de este asunto. Está claro que la obra se va a hacer finalmente, la clave puede ser por donde hacerla. Desde la ignorancia de quien no se maneja en este tipo de asuntos, creo que es perfectamente viable que el acceso de la llamada «supersur» con la AP-68, se realice en la intersección que esta tiene con la A-8, antes de los túneles de Malmasín. De tal manera que el valle de Bolintxu quede si afectar. Después, ya pasado el valle, tal y como creo que se tiene proyectado a futuro, que se continúe con la prolongación de esa autopista, si es que sigue siendo necesaria. Lo que no podemos hacer bilbaínos y demás gente del entorno, es mirar para otro lado y ser tan torpes como para consentir en cargarnos un lugar como el valle de Bolintxu.

Defendamos lo nuestro, defendamos estos «oasis» que increíblemente sobreviven en los espacios urbanos, No seamos tan tontos de tirar a la basura algo de tanto valor. Se puede buscar el equilibrio entre las necesidades de infraestructuras y las otras necesidades que como pobladores de este planeta también tenemos.

PINCHA AQUÍ PARA VER EL DOCUMENTAL «EL ÚLTIMO VALLE»

 

 

Pues nunca le hice caso a la fiesta esa del Halloween. Bueno ni yo, ni millones de mi generación. De los mayores ni te cuento y con algunos mas jóvenes, mas de lo mismo. No le hacíamos caso porque sencillamente no existía. Las nociones que nos llegaban de «eso» era por la televisión, por las series o películas estadounidenses en su mayoría.

La víspera de la fiesta de difuntos del uno de noviembre era eso, la víspera de un día festivo, pero un día en el que de crío percibía un halo triste, el motivo es obvio. En mi manera de ver la vida o la muerte, los años fueron vaciando esa jornada de su contenido fúnebre, hasta quedarse hoy en nada.

En nada de nada, que aunque todos tenemos seres queridos fallecidos, días para recordarles pueden ser cualquiera, pero por supuesto y con todo el respeto, entendiendo que cada cual vive estas experiencias a su manera.

Así que lejos ya de otorgarle al uno de noviembre la mas mínima relevancia, como a cualquier otra fiesta religiosa, fue la llegada de mis hijos a mi vida, lo que me ha hecho replantearme como mirar esa fiesta tan popular en otros lugares del mundo, que llaman Halloween.

Durante un tiempo les intentaba hacer comprender, que esa fiesta que ellos creían que era, no lo era aquí, que les había llegado por la televisión especialmente, que no iban a ver a nadie disfrazado, que los chavales no iban a ir por las casas pidiendo caramelos, que todo era mentira, casi un engaño… y me equivocaba. A pesar de ser pequeños defendían esa fiesta, y es mas, proclamaban su derecho a vivirla.

¿Que podemos decir? ¿Que eran manipulados? ¿Que adoptan unos usos foráneos, que merman quizá una manera de ser propia? (No me digáis que no habéis oído cosas así o peores)  puede ser en parte, pero no nos hagamos trampas, que a los demás también nos las han colado en alguna ocasión, y muchas veces con gusto.

Unas veces por la música, otras por las modas… y es que aunque intentemos mantenernos en un círculo de autenticidad, no somos impermeables. Ni aquí, ni en ninguna otra parte del mundo, claro que no, lo que ocurre que cada época tiene sus gurús. Hace siglos los exportábamos de aquí al nuevo mundo con cruces y rosarios, y ahora los importamos pero con una amplitud de oferta que abarca ya, cualquier orden de la vida.

Aunque se adopten usos de otros lugares, no creo que los propios estén en peligro de desaparecer. Mas me preocupa la restauración en los jóvenes de un pensamiento liberal e individualista (¿veis? cada cual tenemos nuestras fobias), pero ese no es el caso ahora, que de lo que hablo básicamente con esta celebración es de cachondeo.

Finalmente, lo tuve claro cuando uno de los dos mozos me lo explicó con naturalidad, y eso que solo tendría nueve o diez años: «Es que esta fiesta es divertida, te disfrazas de vampiro o de monstruo, o de zombi… es mejor que las otras, y nos lo pasamos bien»

Bueno, pues ahora vamos y les decimos a los chavales que nuestras fiestas son la semana santa, la virgen del nosequé, la navidad…

Se lo decimos a sabiendas que en unas y otras hay un trasfondo consumista, en distinto grado pero lo hay. Eso es innegable sí, pero…  son vacaciones y eso no se negocia, otra cosa es que para algunos, el espíritu religioso de esas celebraciones ni esté ni se le espere, en cambio iniciativa para pasarlo bien, nunca falta.

Así, que me estoy pensando en hacerme de su bando, que aunque nunca me he disfrazado en esa fecha ni creo que lo haga a futuro, paso de cortarles la alegría con monsergas de autenticidad, cuando lo único que quiere la chavalería es pasarlo bien.

Y es que si pongo en un plato de la balanza  las máscaras, o los colmillos, o las capas de vampiro y en otro, los ramos de flores, o el peregrinar a los cementerios o la angustia… creo que lo tengo claro.

¿Truco, o trato?

 

Mozoilo Irratia, recoge en su web información sobre la próxima presentación de Siete cuerdas en la casa de cultura Torrezabal, de Galdakao, que será el martes 20 de noviembre a las 19 horas.

Y ya de paso, una breve reseña sobre esta novela y las webs del autor.

 

LEE AQUÍ LA NOTICA, EN MOZOILO IRRATIA

El 21 de Octubre, aparecía este artículo en las páginas del suplemento dominical de El Correo, desvelando alguna curiosidad que les revelé a la hora de encarar la escritura, y sobre como percibo el papel que pueden tener las páginas web que mantengo por cada una de mis novelas.

 

 

Transcribo la entrevista que hoy sale publicada en Bidebieta Irratia.


LEER LA ENTREVISTA EN BIDEBIETA IRRATIA


 

 

Francisco Panera: “Nunca imaginé la gran conexión que se puede establecer con el lector”

Por Silvia Andrés

Nacido en Bilbao en 1968, el basauritarra Francisco Panera acaba de publicar su tercera novela ‘Siete cuerdas’ (Nova Casa Editorial), “un viaje por el convulso final del siglo XVIII y por su música”, explica. Panera presentará su nuevo trabajo el próximo 8 de noviembre en el Kultur Etxea de Ibaigane (19:00 horas). Mientras tanto, puedes ver contenidos extra en la web www.sietecuerdas.com

La música es una de las grandes protagonistas de la obra. En aquel tiempo la música no podía ser capturada en grabaciones, por lo que era un acontecimiento único e irrepetible. Ese concepto sobrevuela la trama de la novela y de sus personajes. Los protagonistas son dos músicos entre los que hay una relación amor-odio que solo la música parece capaz de sostener. Mas que un argumento mas o menos atractivo lo que realmente creo que puede enganchar al lector y con lo que mas disfruto como autor, es dando vida a tantos personajes, algunos ficticios obviamente, pero un buen puñado de ellos son históricos y eso siempre es un reto.

¿Por qué lugares se desarrolla la historia?

El viaje parte de una aldea en Zuberoa, pasando por el París revolucionario, la Viena amable y musical donde Mozart está a punto de estrenar su última ópera. Posteriormente el relato acompaña a una orquesta que viaja por Francia ocultando en su seno a huidos de la justicia revolucionaria, hasta que la guerra que estalla entre la república francesa y el reino de España, tras la decapitación de Luis XVI, provoca un giro en la narración. Ahí la acción se desarrolla a los dictados de la guerra hasta que esta historia llegue a un Bilbao invadido por el ejército revolucionario francés.

Es ya tu tercera novela, y como en ‘Mentir es encender fuego’ y ‘El sueño de Akala’ se trata de una novela histórica. ¿Qué es lo que te gusta de este género?

Me resulta muy estimulante recrear el pasado pero siempre con personalidades en los personajes que considero intemporales. Huyo de ceñirme a ideas preconcebidas que nos han sido inculcadas, normalmente porque se establece un credo oficial de como era, o como se pensaba, o como se vivía en tal o cual época. Este género me permite viajar al pasado y adoptar la historia comúnmente aceptada de ese tiempo solo para trazar el rumbo del relato. Una vez sumergido en él, dar forma un universo de sentimientos o actitudes que puedan incluso confrontar contra el concepto que tengamos de aquellos tiempos. Quiero que el lector, pueda reconocer entre las páginas de la novela, actitudes o situaciones que a pesar de la distancia en el tiempo, le sean comunes.

¿Cómo te inspiras, investigas y cómo trabajas este tipo de novela?

Lo de la inspiración es el gran misterio, ¿de donde surgen las ideas? ¡Quien sabe! En mi caso transcribo las ideas que me sobrevienen y que dan pie a un breve relato. Algunos quedan en nada, otros evolucionan y se adaptan a lo que después puede llegar a ser un novela. Pero el paso importante y definitivo es decidir en un momento determinado la dirección que seguirá una futura novela, después llega la labor de documentación. Con tres novelas hasta ahora, podría decir que cada una me ha llevado aproximadamente un par de años de trabajo, quizá un poco mas. De ese tiempo, los primeros meses son para documentarse. Leo muchos, pero muchos libros relacionados con el argumento, tanto de historia, como ensayo, consulto todo tipo de fuentes que me puedan aportar datos, visito escenarios de la futura novela, consulto archivos históricos para argumentar la acción o incluso encontrar en ellos, como ha sucedido en Siete cuerdas, personajes que después aparecerán en el relato. La labor de documentación es amena para un aficionado a la historia como soy. Siempre asoman en esa investigación nuevas ideas. ¡Y después a escribir! Aunque seguiré documentándome a medida que surgen dudas, porque la escritura a veces es un ejercicio de libre albedrío, impredecible.

¿Tienes autores de cabecera de este género?

Normalmente las obras de los autores muestran una evolución a lo largo de sus vidas y soy mas de novelas concretas que de autores, pero vamos, que Robert Graves ha escrito la mejor novela histórica que he leído, ¿a que os suena ‘Yo, Claudio’? Es magistral. Yourcenar, Posteguillo… ¡hay tantos! Julio Llamazares con su ‘Luna de lobo” , o incluso Ken Follet, con ‘Los pilares de la tierra’, una obra tan criticada como ensalzada, yo soy de estos últimos. Otra cosa es lo que vino después, pero abrió una senda que otros autores han seguido. Y no me voy a olvidar por supuesto de Toti Martínez de Lezea, que además de ser de casa, ha escrito novelas geniales.

A nivel de Euskadi, ¿hay muchos autores que toquen este género? ¿Crees que goza de ‘buena salud’?

Vaya por delante que leo de casi todo, no solo novela histórica, pero tengo claro que aquí Toti es un referente, pero hay mas autores. Ocurre que se tiende a situar la novela histórica bastante alejada en el tiempo, y no comparto esa idea. Nuestra historia reciente da pie y lo seguirá haciendo, a la publicación de grandes obras literarias, estoy seguro. Añadamos a eso, que cada vez se escribe mas, pues nunca había habido tantos autores y tantas publicaciones. Otra cosa es como llega todo esto al público, porque salvo en autores consagrados, las editoriales tienden a realizar ediciones cortas al tiempo que publican un mayor número de títulos. Sinceramente creo que la literatura vasca en general goza de muy buena salud.

¿Qué impresiones recibes de los lectores desde que comenzaste a escribir?

Es lo mejor. Cuando publicar una novela era solo un sueño, no me imaginaba la conexión que se puede establecer con aquel lector que se toma la molestia de enviarte un correo electrónico, o con el que conversas y comparte la experiencia de leer algo que has escrito. Gracias a ellos he descubierto autores y lecturas a las que seguramente no me habría acercado.

Basauri ha sido protagonista en tus novelas. ¿Crees que es un lugar ‘literario’?

Esta última novela esconde “alguna” sorpresa al respecto. Los lectores de mis anteriores trabajos reconocerán algún que otro guiño que espero sea de su agrado. Son muchos los escenarios de esta novela, pero ya os adelanto que el San Miguel de Basauri de finales del XVIII, Bilbao y otros lugares cotidianos para los de por aquí, asoman por las páginas de ‘Siete cuerdas. Y por supuesto que es un lugar literario, baste recordar “La banda de Arruti”, última novela de otro basauritarra, Jon Arretxe. Novela negra, canalla y muy divertida ambientada en plenos Sanfaustos. Si no la habéis leído, ya estáis tardando.

Has publicado tres novelas en 6 años, ¿cómo se compagina el trabajo de escribir con tu ocupación?

Es muy sacrificado pero lo hago. Un trabajo a turnos condiciona totalmente las horas de descanso, las relaciones con tu entorno cercano e incluso el ocio. Escribir una novela roba mucho tiempo y ciertamente renuncias a otras cosas. Tardé muchos años en descubrir que escribir era mi pasión. Ahora al ser y sentirme escritor procuro disfrutarlo sin por ejemplo, descuidar mi vida social. Necesito de mi gente, debo divertirme, ¡claro que si!, pero no me ato al escritorio por ser mas prolífico, y reducir el intervalo de publicación entre mis novelas. Seguiré inventando historias y personajes, pero nunca al precio de descuidar a los amigos, a la familia. No hay nada mas importante.

En apenas 24 horas, un par de referencias a Siete cuerdas en los periódicos Basauri Hoy y Crónicas de Basauri.

Como siempre muy agradecido.


Crónicas de Basauri, edición octubre 2018

 

 

Basauri hoy, edición octubre 2018.