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Tres han sido las presentaciones que se han sucedido en la capital de Bizkaia.

La primera fue en noviembre de 2018, en el barrio de Deusto, en la librería que precisamente lleva el nombre del barrio, en la “Librería de Deusto”. Un referente literario sin duda en esa parte de la ciudad. Un local implicado profundamente en divulgar la obra de los autores, ofreciéndoles la posibilidad de realizar presentaciones, en un estupendo espacio que dedican  a este tipo de encuentros. Ojalá hubiese muchas mas librerías así.

Las otras dos citas, se han sucedido en apenas una semana, cosas de las agendas de eventos de los locales. No es lo mas conveniente, pero no conviene nunca desdeñar la posibilidad de mantener estos encuentros tan directos con los lectores.

El 29 de enero en FNAC y el 5 de febrero en Casa del Libro, dos locales muy bien preparados para ofrecer este tipo de eventos.

Y ahora, a dedicar el tiempo visitando a los lectores de otras ciudades (Vitoria, día 14 y Donosti el 28 de febrero).

Aquí alguna imagen del paso por FNAC y Casa del LIbro

 


 

 

 

El jueves 17 de enero, Siete cuerdas fue presentada en la biblioteca de la localidad de Arrigorriaga.

La asistencia de una periodista de El Correo, hace posible que la novela, cuatro meses después de su publicación, siga teniendo presencia en los medios.

Todo ayuda.

El blog literario,  La página número trece,  publica una entrevista a Francisco Panera en relación con algunos aspectos curiosos del contenido de Siete Cuerdas.

Al margen de ello, ojalá sirva esta reseña a la entrevista, para convertiros en habituales seguidores de las publicaciones de este estupendo y original blog.


Pincha aquí para leer la entrevista en La página número trece


Transcripción de la entrevista

“Hay hallazgos que son pequeños tesoros a la hora de dar forma a una novela histórica” Francisco Panera

Conocí a Francisco Panera por pura casualidad. La presentación en Orduña de su libro Mentir es encender fuego coincidió con mi búsqueda de novelas ambientadas en la ciudad y, aunque la mayor parte de la trama de esa historia transcurre en otro escenario, sí que hay una parte importante que se sitúa en los verdes parajes de mi lugar de nacimiento. Esta hermosa casualidad hizo que Mentir es encender fuego fuera elegida como primera novela del Club de Lectura que, junto con el Ayuntamiento y la biblioteca, organicé en Orduña. Pero, no solo conocí la historia, también tuve el placer de contar con el autor para esa primera reunión. Panera, no solo nos explicó el proceso de creación de Mentir es encender fuego sino que, también nos dio algunas pinceladas de lo que, en aquel momento, era la novela en la que estaba trabajando: Siete Cuerdas.

Recuerdo que ya en ese momento habló de ese sentimiento de pérdida que los espectadores de un concierto debían sentir antes de que la música pudiera ser grabada. En aquel momento, lo confieso, me recordó a cuando en clase de música nos ponían una melodía un par de veces y, semanas más tarde, debíamos ser capaces de identificarla sin haber tenido oportunidad de volver a disfrutarla. Eran tiempos anteriores a Youtube y la única manera de recordar esos acordes era escribir cosas parecidas tiruri pun pun en un cuaderno. Sin embargo, a pesar de haber vivido esa situación en mis carnes, nunca me había parado a hacer esa reflexión que, por otra parte, no sé si mucha gente se habrá parado a pensar en ella. Por eso, le he preguntado cómo se le ocurrió basar toda una novela en esa idea.

LPNT: Me llama mucho la atención la reflexión que se hace durante toda la novela sobre lo efímera que era la música antes de poder grabarla. Es algo en lo que la gente no solemos pensar… ¿Cómo llegaste a esa conclusión?

Francisco Panera: La respuesta puede resultar un poco peliculera pero te doy mi palabra de que es verdad:

Lo soñé, y fue hace mucho, tanto que aún no había publicado mi primera novela, y Siete cuerdas ya es la tercera.

El recuerdo de aquel sueño, me trae la imagen de que yo debía interpretar algún tipo de instrumento. Sucedía en otra época, quizá hace dos o tres siglos.

El público asistía al concierto con unas expresiones en sus caras que eran puro asombro. Al verles,  intuía que querían guardar para sí, aquel momento único e irrepetible,  pero tanto ellos como yo, sabíamos que no era posible.

Ese vago recuerdo, es al que me he aferrado en tantos momentos de la novela, para describir esa sensación posterior a la experiencia de disfrutar entonces de la música. Por un lado el goce de de recrearse en algo hermoso, en un arte que solo existe mientras se interpreta. Y por otro, la decepción al ser conscientes de que nunca mas volverían a experimentar aquello, que quizás llegarían otras músicas, pero ya no serían las mismas.

Ese credo tomó forma en mi imaginación, sirviéndome de acicate para convertirlo en el hilo conductor de relato primero, y de una novela después.

Una novela que nunca fue editada. La verdad es que fue mi primer trabajo literario y estaba lleno de imperfecciones, pero no me desanimó que las editoriales rechazasen aquel mi primer intento por asomar la cabeza en este mundo. Me puse a desarrollar otras temáticas para seguir escribiendo y publiqué un par de novelas posteriormente, pero el manuscrito que contenía esa idea, ahí seguía, en un archivo en el disco duro de mi ordenador.

Fue hace un par de años cuando recuperé ese proyecto y me puse a confeccionar una narración que daría como fruto Siete cuerdas.

Por todo ello, creo que la música tal y como la disfrutamos hoy en día, no tiene nada que ver con aquella otra, la de cuando no se podía enlatar en grabaciones para reproducirla a voluntad. Por fuerza tenía que ser algo único, como el contacto con alguien querido, que solo se daba si ambos, música y tú o música y yo, estamos frente a frente, y para los melómanos convencidos, no podía haber mas remedio que buscar otras músicas sin descanso.

Eso, o convertirse en intérpretes, claro. Por cierto, la música la disfruto como oyente,como espectador, porque no se interpretar ni una sola nota.

LPNT: Supongo que el trabajo de documentación habrá sido titánico a la hora de describir tanto la ciudad de Bilbao como los acontecimientos que tuvieron lugar en aquella época.

FP: Esa labor ocuparía los seis primeros meses del trabajo de redacción de la novela y  contrariamente a lo que bastante gente puede suponer, pues así me lo han trasladado en ocasiones, para mí es una labor muy gratificante. Documentándome para mis novelas he descubierto hechos sorprendentes y que me han servido posteriormente para enriquecer los relatos recurriendo a ellos en forma de tramas. Pero hay que andarse con tiento la verdad, tengamos en cuenta que multitud de personajes secundarios de esta novela fueron reales y he procurado ser muy respetuoso con lo que pudieron ser sus vidas al introducir una trama ficticia en sus existencias. Precisamente en el trabajo de documentación, al tiempo que intentaba conocer por ejemplo, como era a finales del siglo XVIII la torre de la catedral de Santiago en Bilbao, iglesia en aquella época, o fechas y personajes que intervienen en algunos episodios históricos, conocer las vidas de las personas mas destacadas de la villa de Bilbao, temas de herencias… o que clase de agrupación musical podía existir en Bilbao en 1793, por decir algo, me topé con asuntos en apariencia banales. Y así doy por ejemplo, con el pleito que se traían el  director de una agrupación musical y un par de violinistas acerca de unas interpretaciones no consentidas y por tanto no remuneradas al director. Tuve el documento de denuncia en la mano y la resolución a la que llegaron desde el ayuntamiento también.  Esos hallazgos para dar forma a una novela histórica, son pequeños tesoros.

Me vienen ahora a la cabeza, por ejemplo unos capítulos que se desarrollan en Baiona paralelos a la guerra entre España y la Francia revolucionaria. Pues bien, casi todos esos sucesos fueron reales, y al descubrirlos encontré la manera idónea, en mi opinión, de que la relación entre los protagonistas, derivase en lo que necesitaba para el devenir de sucesos posteriores, que ya tenía en mente.

Todo esto es solo un ejemplo de con que tipo de material he podido trabajar, a parte de docenas de libros consultados, pero es verdad que en ocasiones las fuentes consultadas pueden esconder una historia para tu relato y Siete cuerdas está plagada de ellos, aspectos que en mi opinión aportan verosimilitud y dibujan un mundo cotidiano.

Gran parte de esa documentación, me ha servido para enriquecer la web de la novela www.sietecuerdas.com donde el lector va a poder descubrir elementos imprescindibles para esta novela, como la música, la historia y su contexto en la época, y que obviamente quedan fuera de obra impresa.

LAPN:¿Qué ha sido lo más difícil a la hora de escribir esta novela?

FP: Diría que la insistencia por transmitir las distintas sensaciones que experimentan los personajes con la música. Te aseguro que fue una cuestión que casi resultó enfermiza para mí.

Quería que estuviese presente constantemente en la mente del lector, que incluso lo identificase como algo casi obsesivo, pero que al tiempo no le resultase cargante. No se trata de repetirle lo importante o insignificante que puede resultar algo para algún protagonista, si hago eso me cargo la novela y seguro que pierdo un lector, se trata de otra cosa.  De dibujar un escenario de sentimientos y sensaciones en el que se mueven los personajes, y si ese mundo como en este caso es obsesivo, hay que conseguir mostrarlo sin hacer caer al lector en  él.

Como ves , es un argumento cargado de subjetividad, pero pienso que ahí reside el espíritu de esta novela.

LPNT: ¿Y lo más gratificante?

FP: Constatar ahora, que ya empiezan a llegar opiniones de lectores, que esas sensaciones a las que hacía referencia en la respuesta anterior, les han calado y que algunos las comparten sumergiéndose en aquel mundo tan particular y personal de esos músicos.

Ha habido quien me ha dicho que les entendía, refiriéndose a los personajes, que no había reparado en esa manera de reconocer aquella la música, y que precisamente por ser una persona en cuya vida la música ocupa un espacio importante, comprende la sensación de desarraigo o pérdida, al ir olvidando una melodía que solo ha escuchado una vez y que le será casi imposible volverlo a hacer.

Y tan grato como eso, es por supuesto que los lectores hayan disfrutado de una novela  entretenida, con unos personajes bastante peculiares y una trama cargada de giros.

LPNT: ¿Os pasa a los escritores que, una vez terminada la novela, echáis de menos a los protagonistas? Porque a los lectores sí nos pasa

FP: Supongo que dependerá del autor y del género, pero en mi caso así es.

Ten en cuenta, que mis personajes, al menos así lo creo, tienen personalidades muy marcadas. Pues para lograr eso me he de introducir en sus cabezas, tengo que pensar como ellos, convencerme de qué es lo que harían, qué pensarían… Hacerlo incluso en personajes que disten mucho de mantener una afinidad con mi manera de ser. A veces he escuchado que en ocasiones los personajes literarios, tienen parte de lo mejor o peor de sus autores, y no estoy en desacuerdo.

Algunos personajes de mis novelas, han dejado un poso en mi mente, como si de una persona real se tratase, y no se trata de una respuesta recurrente a lo que planteas, en mi caso es totalmente cierto.

Serán cuatro, o quizás cinco esos personajes, en los que me dejé mucho. Aunque ellos estén marcados por acontecimientos que nunca he experimentado, o viviesen en tiempos tan lejanos para mi, están compuestos de experiencias cercanas o incluso propias, de actitudes que he podido mantener o combatir. Se han convertido en unos fantasmas a los que quiero. Piensa que esto de escribir, tiene mucho de idealista, de soñador, pero mucho mucho.

Supongo que los autores tenemos que vivir con ello para poder escribir, aunque después de hacerlo… después de hacerlo hay veces que se van contigo. Para los personajes mas queridos, me gusta llegar a finales que no lo sean, que resulten un punto y seguido en sus vidas.

Y así creo que el lector, también puede vislumbrar que ese personaje con el que terminamos la relación que la novela ha provocado, es posible que tenga a partir del final del relato, ahora que como dices, igual le echamos de menos, la posibilidad de elegir, al margen del dictado del autor.

Ese recurrente final de los cuentos de “y fueron felices y comieron perdices” es el peor de los posibles, porque algunos libros no se acaban al pasar la última página, algunos perduran abiertos en la mente. Esos son los mejores.

LPNT: ¿Hay ya alguna idea para una próxima novela?

FP: La hay y espero ponerme a ello en breve. Toda la labor necesaria para promocionar Siete cuerdas, me está resultando muy absorbente y casi no saco tiempo para escribir, pero ya tengo en mente otra historia. Aunque no soy muy amigo de adelantar lo que creo que voy a hacer, si te digo que la historia se ubicará entre finales del siglo XIX y la mayor parte del XX. Posiblemente la mayor parte de los personajes, que volverán a ser numerosos y muy diferentes entre ellos, conformen varias generaciones de un par de familias. Y habrá que levantar a su alrededor un universo cargado de conflicto, de  superación, de miedo, de amistad, o de rencor… ¡y ya veremos si de perdón!

¿Lo ves? ¡ya estoy soñando con ellos!

No hay que cesar en llevar Siete cuerdas al mayor número de lugares posible.

Estas semanas que tengo por delante, me acercaré a destripar un poco la novela a Arrigorriaga, Bilbao, Gasteiz y Donostia.

Estas son las fechas:

 

A finales del mes pasado, me solicitaron desde el diario Deia una colaboración en forma de breve relato, de cara a un número especial en vísperas de las fiestas de navidad.

Tardé unos días en dar con la idea, y esta, que seguro que ya estaba dentro de la cabeza, apareció viajando en metro.

A ver si os gusta.

Un perro, dos perros… tres perros

No se porqué se lo dije, no sé porqué la mente es tan traidora como para desvelarte de improviso, una idea tan trascendente. Sucedió una lejana tarde que jugaba con mi perra tirándole un palo por los terraplenes que desde el paseo bajo los miradores se precipita hacia el Nervión.

Se lanzaba intrépida y feliz a la caza del palo que daba volteretas en el aire. Después lo rebuscaba entre las hierbas altas que crecen a la orilla despareciendo su pequeño cuerpo entre ellas, y cuando daba con él, regresaba fatigada para volver a iniciar el juego.

Entonces se lo dije, mientras me miraba con aquellos ojos negros, profundos y sinceros: “Nunca envejeceremos juntos”.

Me sostuvo la mirada y quise creer que me entendía. Aún no sé porqué se lo dije. Después lancé de nuevo el palo y continuamos con el juego.

Años mas tarde, no sé porqué la mente es tan traidora, a medida que la profecía se iba cumpliendo, volvía intermitente aquel pensamiento a mi memoria. Ella me seguía mirando con aquellos ojos negros, profundos y sinceros, y en mi mente se materializó el credo de que ella había hecho suya la idea: “Nunca envejeceremos juntos”. Descubrí en esos instantes tan íntimos, tan de los dos, un poso de decepción en su mirada, de incomprensión ante el hecho de que nuestras vidas se juntasen siendo ella un pequeño cachorro, y unos años después, me hubiese sobrepasado hasta convertirse en una anciana.

Una mañana, se acabó lo nuestro.

No fue noticia en ningún periódico ¡a quien le podría importar! es verdad, y no no lo fue… hasta hoy que salta a los medios la noticia de que en tu pueblo o en tu ciudad, los que se quedan viviendo a otra velocidad, se ponen a cobijo, incapaces de compartir el vacío que descubren con quien amable les escucha, pero sin comprender una añoranza insospechada por sus dueños.

Que por las sendas por las que sus amigos jugaban y correteaban asustando a los pájaros, caminarán solos, a modo de despedida. Lo harán dos o tres veces, quizá no mas, y que nadie les diga que “solo era un perro”, porque en su memoria, pues hay que ver que traidora es a veces, vive el recuerdo de un amigo.

Viajo en metro. Sentado de espaldas al sentido de la marcha, a cada parada en una estación, siento que todo el peso del convoy se aplasta en mi espalda mientras frena. Resulta agradable, pero la voz enlatada que advierte de que nos detenemos en Ariz, me arranca de esa abstracción. De esa y también de la que me ha tenido ocupado durante el viaje, tomando unas breves notas en el móvil que quizá un día den luz a un escueto relato.

Y todo se ha desatado hace unos minutos, a cuenta de toparme con un perro solitario plantado ante las escaleras mecánicas que bajan a la estación, pareciendo dudar de si permitirme emprender el viaje.

Casi he alcanzado la salida a la calle. De fuera llega una fría brisa cargada de finísimas gotas de lluvia. La irritación producida por lo previsible de que llegaré casa mojado, pues el paraguas ni está ni se le espera, desaparece de improviso. Otro perro solitario, inmóvil a la salida de la estación, duda de si apartarse de mi camino y permitirme finalizar mi viaje.

A un silbido de su dueño se va, pero lo hace remolón, y antes de regresar a corretear por el parque del ambulatorio, me sostiene la mirada, tiene también unos ojos negros, profundos y sinceros.

Y como aquella vez, como otras veces, me rindo ante el instinto traidor de la mente.

 

Diario Deia, 23/diciembre/2018. Relato de Francisco Panera.

Diario Deia, 23/diciembre/2018. Relato de Francisco Panera.

Una de las presentaciones mas particulares, no solo de Siete cuerdas, si no de cualquiera de las que he realizado, fue la que tuvo lugar el pasado 13 de diciembre en el Kakarraldo Taberna, un local de copas del centro de Basauri.

Micrófono en mano ante los asistentes, que llenaron el local, hice primero un repaso de mi obra literaria, asociándola en algunos momentos al entorno cercano por el que transitan los argumentos de mis novelas. Posteriormente, todos entraron de lleno en las entrañas de Siete cuerdas, visionando en algún momento en la pantalla del local, algunas de las piezas musicales de la obra, que se muestran en la web  http://www.sietecuerdas.com.

Hubo quien no conocía las particularidades de la obra musical de la novela y especialmente las características únicas y tan especiales que ofrece la “viola de gamba”, el instrumento de cuerda objeto de devoción por los protagonistas del relato, y que casi se convierte en un personaje mas. Pues bien, para algunos de los asistentes fué todo un hallazgo.

Pero volviendo a lo literario y tras esta experiencia, estoy convencido de que aunque hay un sector entre los lectores que son proclives a acudir a las presentaciones de los escritores que les interesan, otros “lectores militantes” también, no ven demasiado interés en estos actos que se celebran en librerías, bibliotecas o centros sociales, empleando un formato similar: el, o los ponentes sentados, disertando ante la concurrencia que asiste atenta, y que en ocasiones participa al final haciendo preguntas, opinando…

Algunos de estos lectores mostraron en esta cita inusual, su satisfacción, no solo por asistir, si no por interactuar de una manera distendida, tomado una caña unos, unos vinos otros… al fin y al cabo los bares están metidos hasta el tuétano de nuestra cultura popular y forman parte de nuestra manera de relacionarnos.

Y pàra terminar, quedando los libros de lado, me restaba la tarea de “pinchar” música, ofreciendo a los asistentes una selección muy personal de mis artistas favoritos pero en una línea musical, muy distinta la de Siete cuerdas. Así escuchamos desde los ritmos mas primitivos del rock and roll, pasando por las tendencias psycho, punk o rocker, para rendir ¿por qué no? un tributo a la música, aunque en esta parte de la cita, los maravillosos sones de la música del barroco y de finales del siglo XVIII, quedasen aparcados para otra ocasión.

Una cita redonda.

Muy natural todo, muy agradable. Con ganas de repetir el formato en el futuro.

 

Con la llegada de diciembre, una nueva edición de la Durangoko Azoka, la feria del libro  y disco vasco, que anualmente se celebra en Durango, Bizkaia.

Esta ha sido la 53ª edición y lo cierto es que este evento cultural goza de muy buena salud. Record de participación, record de asistencia y ventas… veremos donde están los límites, pero es un privilegio poder participar una vez mas en otra edición de la “azoka” compartiendo espacio con tantos artistas de la pluma y de la música.

Pero antes de esta cita, que se ha celebrado entre el 5 y 9 de diciembre y donde Francisco panera ha estado acompañando a su última novela y dedicando ejemplares a los lectores, Siete cuerdas ya tenido otras dos paradas reseñables.

El 20 de noviembre, una presentación ene el centro cultural Torrezabal, de la localidad de Galdakao, donde autor y asistentes conversaron sobre distintas cuestiones de la novela, haciendo espècial hincapié en la documentación histórica y la verosimilitud de las tramas en distintos relatos.

Y la Librería de Deusto fue la primera de las citas previstas en Bilbao. Fue el día 4 de diciembre, en un estupendo local, que cuenta con un espacio precisamente dedicado para este tipo de eventos.

Que una librería particular, fuera de las franquicias habituales asociadas al mundo de la venta literaria, dedique una parte propia para la difusión de los autores, es un lujo para cualquier escritor, e incluso para los lectores.

 

Durango

 

 


Galdakao


La librería de Deusto, Bilbao

De nuevo a la cita mas importante del panorama literario y musical de casa, a la 53ºedición de la Feria del libro y disco vasco de Durango.

Presentarme otro año mas, con otra novela recién publicada, sigue entusiasmándome como la primera vez, allá por 2012.

Unas semanas estas últimas bien cargadas de eventos, para dar a conocer mi último trabajo. Hoy por la tarde en Bilbao, en dos días en Durango… la siguiente semana otro encuentro mas, y este de un particular carácter musical…

Que no se puede estar uno quieto, claro que no, porque cualquier día de estos echo el freno ¡y a por otra novela!

Iremos macerando estas ideas que vienen y las dudas, las inevitables dudas que despiertan. Pero es que así crecen los libros, al menos en mi cabeza.

Daros una vuelta por la “azoka” si tenéis ocasión. Volveréis con algunos euros menos, pero bien empleados en algún que otro libro, sin duda.

En 2012, con El sueño de Akala en mi primera Azoka.

 

El valle de Bolintxu, toma su nombre del pequeño arroyo que lo cruza. Entre todas las curiosidades de este lugar, que como veremos tiene un altísimo valor ecológico, hay una muy curiosa, y es que este rincón se encuentra dentro de los límites de la ciudad de Bilbao.

Bilbao, capital industrial, económica durante siglos. Un lugar muy poblado en el que apenas se encuentran espacios no urbanizados, es verdad, pero un lugar que alberga un pequeño tesoro, un espacio natural que aún no ha sido destruído y que se mantiene “virgen”, tal cual que en cualquier punto de un remoto pasado.

Cuesta creerlo, es verdad. Lo cierto es que no tuve conocimiento real de su valor hasta hace unos años. Cuando estaba enfrascado en la redacción de mi primera novela, El sueño de Akala, incluí el valle de Bolintxu, por su proximidad con el castro del monte Malmasín (escenario principal de la obra) y porque era el lugar perfecto para la resolución de una de las tramas de la novela. Fue mas tarde, en el proceso de documentación para la conformación de la web http://www.elsuenodeakala.com cuando descubrí todo su valor ecológico.

Me sentí contrariado al hacerlo, tantas veces subiendo desde muy pequeño al monte Pagasarri que corona este valle, recorriendo todos sus alrededores y no tenía conocimiento del tesoro natural que teníamos alrededor. Fue también entonces cuando supe el importante riesgo que corría de desaparecer. De ello se habla en el documental cuyo enlace dejo al final de este escrito, y que por supuesto os invito a ver.

No soy contrario, por supuesto a la creación y mejora de las infraestructuras. Considero necesarias las autopistas, pero siempre intentando hacer las cosas con cabeza y minimizando el impacto ambiental. La mayoría de las veces, esto se podría hacer, pero es verdad que en ocasiones choca con intereses particulares. Hablando claro, todos hemos visto que en multitud de ocasiones el negocio está para los promotores de las obras, para los asignatarios… No diré que esto sea así en este caso concreto, porque no puedo saberlo, aunque otra cosa es la intuición que algunos proyectos despiertan, máxime al conocer algunos datos que se exponen en el documental mostrándose arrolladores.

Entrando de lleno en la resolución de este asunto. Está claro que la obra se va a hacer finalmente, la clave puede ser por donde hacerla. Desde la ignorancia de quien no se maneja en este tipo de asuntos, creo que es perfectamente viable que el acceso de la llamada “supersur” con la AP-68, se realice en la intersección que esta tiene con la A-8, antes de los túneles de Malmasín. De tal manera que el valle de Bolintxu quede si afectar. Después, ya pasado el valle, tal y como creo que se tiene proyectado a futuro, que se continúe con la prolongación de esa autopista, si es que sigue siendo necesaria. Lo que no podemos hacer bilbaínos y demás gente del entorno, es mirar para otro lado y ser tan torpes como para consentir en cargarnos un lugar como el valle de Bolintxu.

Defendamos lo nuestro, defendamos estos “oasis” que increíblemente sobreviven en los espacios urbanos, No seamos tan tontos de tirar a la basura algo de tanto valor. Se puede buscar el equilibrio entre las necesidades de infraestructuras y las otras necesidades que como pobladores de este planeta también tenemos.

PINCHA AQUÍ PARA VER EL DOCUMENTAL “EL ÚLTIMO VALLE”

 

 

Pues nunca le hice caso a la fiesta esa del Halloween. Bueno ni yo, ni millones de mi generación. De los mayores ni te cuento y con algunos mas jóvenes, mas de lo mismo. No le hacíamos caso porque sencillamente no existía. Las nociones que nos llegaban de “eso” era por la televisión, por las series o películas estadounidenses en su mayoría.

La víspera de la fiesta de difuntos del uno de noviembre era eso, la víspera de un día festivo, pero un día en el que de crío percibía un halo triste, el motivo es obvio. En mi manera de ver la vida o la muerte, los años fueron vaciando esa jornada de su contenido fúnebre, hasta quedarse hoy en nada.

En nada de nada, que aunque todos tenemos seres queridos fallecidos, días para recordarles pueden ser cualquiera, pero por supuesto y con todo el respeto, entendiendo que cada cual vive estas experiencias a su manera.

Así que lejos ya de otorgarle al uno de noviembre la mas mínima relevancia, como a cualquier otra fiesta religiosa, fue la llegada de mis hijos a mi vida, lo que me ha hecho replantearme como mirar esa fiesta tan popular en otros lugares del mundo, que llaman Halloween.

Durante un tiempo les intentaba hacer comprender, que esa fiesta que ellos creían que era, no lo era aquí, que les había llegado por la televisión especialmente, que no iban a ver a nadie disfrazado, que los chavales no iban a ir por las casas pidiendo caramelos, que todo era mentira, casi un engaño… y me equivocaba. A pesar de ser pequeños defendían esa fiesta, y es mas, proclamaban su derecho a vivirla.

¿Que podemos decir? ¿Que eran manipulados? ¿Que adoptan unos usos foráneos, que merman quizá una manera de ser propia? (No me digáis que no habéis oído cosas así o peores)  puede ser en parte, pero no nos hagamos trampas, que a los demás también nos las han colado en alguna ocasión, y muchas veces con gusto.

Unas veces por la música, otras por las modas… y es que aunque intentemos mantenernos en un círculo de autenticidad, no somos impermeables. Ni aquí, ni en ninguna otra parte del mundo, claro que no, lo que ocurre que cada época tiene sus gurús. Hace siglos los exportábamos de aquí al nuevo mundo con cruces y rosarios, y ahora los importamos pero con una amplitud de oferta que abarca ya, cualquier orden de la vida.

Aunque se adopten usos de otros lugares, no creo que los propios estén en peligro de desaparecer. Mas me preocupa la restauración en los jóvenes de un pensamiento liberal e individualista (¿veis? cada cual tenemos nuestras fobias), pero ese no es el caso ahora, que de lo que hablo básicamente con esta celebración es de cachondeo.

Finalmente, lo tuve claro cuando uno de los dos mozos me lo explicó con naturalidad, y eso que solo tendría nueve o diez años: “Es que esta fiesta es divertida, te disfrazas de vampiro o de monstruo, o de zombi… es mejor que las otras, y nos lo pasamos bien”

Bueno, pues ahora vamos y les decimos a los chavales que nuestras fiestas son la semana santa, la virgen del nosequé, la navidad…

Se lo decimos a sabiendas que en unas y otras hay un trasfondo consumista, en distinto grado pero lo hay. Eso es innegable sí, pero…  son vacaciones y eso no se negocia, otra cosa es que para algunos, el espíritu religioso de esas celebraciones ni esté ni se le espere, en cambio iniciativa para pasarlo bien, nunca falta.

Así, que me estoy pensando en hacerme de su bando, que aunque nunca me he disfrazado en esa fecha ni creo que lo haga a futuro, paso de cortarles la alegría con monsergas de autenticidad, cuando lo único que quiere la chavalería es pasarlo bien.

Y es que si pongo en un plato de la balanza  las máscaras, o los colmillos, o las capas de vampiro y en otro, los ramos de flores, o el peregrinar a los cementerios o la angustia… creo que lo tengo claro.

¿Truco, o trato?