El pregón de un pueblo

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El pregón de un pueblo

Me ha sucedido y no lo quiero ocultar, quiero sacar pecho y contarle a todo el mundo de que tuve el honor hace muy poco de poder pregonar las fiestas de un pueblo, de un pequeño pueblo que para este que escribe tiene un inmenso valor, pues es el lugar de origen de parte de mi familia y también tengo la suerte de poder pasar allí todos los años una parte de mis vacaciones.

La Mata de Curueño se llama, está en el territorio de León, muy cerca de la Cordillera Cantábrica, que cómo una inmensa muralla y guardián, sujeta la mayoría de las veces a  las nubes y frentes de lluvia, premiando a este lugar con sol en verano pero también con verdes pastos, espesos bosques y agua, muchísima agua en abundancia. Los inviernos son duros, pero incluso en lo mas hostil de las inclemencias del tiempo, es un lugar que rebosa encanto.

Qué decir de un sitio al que iba desde crío y que… ¡qué decir!. Mejor que lo cuente el pregonero:

Pregón inicio de fiestas de La Mata de Curueño (León) 26 de Agosto de 2016

 

Buenas noches La Mata.

Cómo seguramente ha sido para los que me han precedido otros años en la lectura del pregón con el que iniciamos las fiestas de nuestro pueblo, me encuentro en una situación extraña. No se que se espera de un pregón, no me lo había planteado hasta ahora que intento hilvanar unas frases con sentido y que os despierten algo de interés.

Y decía nuestro pueblo, porque lo es, porque da igual de donde seas o donde te hayas criado, fuese aquí en La Mata, o en sus “afueras” porque las afueras de este pueblo que igual no es tan pequeño como puede parecer, se extienden bien lejos sin tener para nada en cuenta las distancias, llegando hasta allá donde hubiese un solo Matense que le baste con querer serlo.

Y aunque es seguro que todos mantenemos sólidos lazos afectivos con las tierras que nos han visto nacer y crecer, compartimos en conjunto una sincera devoción por este lugar en el mundo.

Cuenta un antiguo dicho que “sabrás en que medida quieres a tu pueblo en el momento que te alejes de el”, y pienso que es verdad.

Quizá por eso suele sucedernos cuando año tras año volvemos a vernos y tras unas breves palabras acerca de cómo nos va la vida allá por las “afueras de La Mata”, que acabamos hablando de cómo está el río, de si refresca a las noches, de como habéis pasado el invierno los que permanecéis aquí, de si estaréis en las fiestas, de cuantos días traemos de vacaciones… y reparar en esto me lleva a plantearme en cómo nos veis los Matenses de la mata a los Matenses de las afueras.

Me gustaría pensar que cuando llegamos al pueblo tras un largo periodo de ausencia, somos a vuestros ojos cómo los críos que se ilusionan en el momento en que rasgan el envoltorio de un regalo, porque es verdad, porque muchos fuimos los niños de otros veranos, de veranos como este, y cada vez que regresamos aquí y al abrir la puerta de nuestros hogares cruzamos el umbral, respiramos el aire frío que quedó atrapado dentro de casa, el día que cerramos esa puerta para volver a nuestras vidas cotidianas.

En ese momento, mientras se abren ventanas y puertas y dejamos que el aire de este año, se entre mezcle con el del año pasado, estad seguros de que por un instante, hemos pegado un pequeño salto hacia atrás en el tiempo, para así recuperar desde aquel momento nuestro sitio en este micro cosmos de sol y verde fresco en verano, de nieves y lumbre en invierno, al que empujados por los misteriosos dictados del corazón y del recuerdo, regresamos seguros de que en cualquier vereda sombría, o por las orillas del río, o puede que pegando un trago de la fuente, encontraremos el rastro de aquellos chiquillos que fuimos en aquellos veranos, en veranos como este.

Sentir eso, sería imposible sin los que viviendo aquí, mantenéis vivo a nuestro pueblo y nos recibís amablemente año tras año. Muchas gracias, de verdad.

La cosa es que me he arrancado y aún no os he dicho que es un honor poder estar hoy aquí dando el pregón de las fiestas. Lo primero que me planteé al ponerme a redactarlo fue ¿y por qué yo? ¿Qué he hecho yo por La Mata? Seguramente poca cosa la verdad, máxime si poso la mirada en algunos de los que estáis aquí a los que este pueblo os debe mucho, pero ha sucedido y no he dejado pasar la ocasión, intentando vencer a los nervios, pues uno es mas de escribir que de hablar a la concurrencia, porque esto es cómo cuando te acercabas a decirle algo a una chica que te gustaba, sabías que no podías dejar pasar la oportunidad.

Así que me he subido a este balcón para decírselo a ella, a La Mata, a decirle que la quiero, que de noche cerrada me gusta perderme por lo oscuro para embobarme mirando su cielo estrellado.

Que en su plaza y sus callejas, los chavales nos muestran con descaro que son los verdaderos dueños de este pueblo en vacaciones, que sus bicis apiladas a montones en la acera del teleclub son el símbolo, son la prueba de que ella, La Mata, ha hecho con ellos lo mismo que hizo en su momento con nosotros: amigos de verano.

Le diría también que como los teléfonos de ahora son al tiempo cámaras de fotos, llevo conmigo montones de fotografías suyas. y alguna vez ocurre, que si muestro a alguien alguna imagen de los míos, termino enseñándole las suyas y cuento quien es La Mata. Le hablo de un río al que le dicen Curueño, que a su paso por el soto tiene un pozo al que llaman de la Olla, en el que de crío aprendí a nadar igual que lo hizo mi padre, igual que lo han hecho mis hijos.

O si no, le cuento que hay un nogal en el huerto de nuestra casa, que tiene una copa tan grande como las raíces que lo aferran a la tierra en su empeño de asomar la mirada por encima del tejado de nuestra casa a la que desde hace mucho tiempo la gente de la mata la conoce como La Fábrica.

Y así, me va pasando que sin darme cuenta me voy haciendo mayor como ese nogal, que las raíces que hinca en la tierra no son otras que las de mi familia, las que mis abuelos Donato y Pepa sembraron por estos prados y vegas, las que al arrullo de estos montes y aires, brotaron en sus hijos, en sus nietos y ahora también en los nietos de sus hijos.

Pero ocurre que el presente dice que hoy es viernes, que estamos plantados en los finales de Agosto, y como todos los años volvemos a reunirnos en una gran celebración por el espíritu que alberga.

Nos conocemos casi todos los que aquí estamos, e independientemente del grado de relación que mantengamos unos y otros, resulta que año tras año nos juntamos aquí dando forma a algo importante, algo cómo mirar en alrededor, reconocernos en quienes están al lado y proclamar seguros: ¡Somos un pueblo! ¡Somos La Mata!.

Apuremos con alegría esos días de fiesta, disfrutemos de un presente que se viste de celebración, y hagámoslo también, con un recuerdo para aquellos que no están aquí, pero rendidos al asombro de la vida, de que otros mas jóvenes se suman cada año y nos acompañarán ocupando un lugar que será suyo por siempre, porque el Corral de las Sopejas es ahora un escenario en el que nosotros somos el elenco de actores que representan el teatro de la vida de este pueblo.

Y si la función sale bien, no será por recibir aplausos, que no los habrá, será porque nos daremos un homenaje cargado de alegría, simplemente porque si, porque no podemos olvidar que estamos en esto de vivir para ser felices.

Y ahora que ya termino me vengo arriba: Los avatares de la vida me hicieron bilbaíno de nacimiento y mucho mas de corazón, pero todos los corazones albergan espacio para otros cariños, y el mío está colmado de pasión por este lugar al que tengo la suerte de poder llamar “Mi pueblo”.

Matenses todos, Matenses de La Mata y de sus afueras, si nuestro planeta tiene un centro hoy estamos en el, porque el centro del mundo, de nuestro mundo es un pueblín, como aquí le dicen, un pueblín hoy vestido de fiesta.

Honrémosle entonces cómo se merece, disfrutemos hasta caer rendidos, que no será de cansancio, si no de alegría.

Y alzando las copas y los corazones, proclamemos por siempre bien alto:

¡¡Soy de La Mata!! ¡¡Viva La Mata!!

 

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Sin comentarios hasta ahora.

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